domingo, 8 de octubre de 2017

"Que entre lo bueno y salga lo malo"

Somos una renovación constante. Nuestras células intercambian sustancias, cambian oxígeno por dióxido de carbono, se deshacen de todo lo que no necesitan para dejar paso a lo que precisan para existir.
Necesitamos respirar aire nuevo a diario y desprendernos del que ya hemos gastado. Inspirar y espirar. Que entre lo bueno y salga lo malo. Que todo fluya y nada influya.


- Ventilación, difusión y perfusión -

Cuando un alveolo no recibe O2 nuevo se dice que no ventila. No está haciendo intercambio alguno, puede sonar brusco pero, se está ahogando en su propia basura. Si no recibe aire nuevo, todo lo demás no sirve para nada. Esto es el desencadenante para una vasoconstricción, fuera de la medicina, es igual que cortar el grifo. Cuando esto ocurre, nuestro cuerpo redistribuye la sangre al resto de alveolos que sí están funcionando,centra todas sus energías, no en luchar contra lo pasado, sino en mantener lo nuevo.


Lo mismo ocurre en nuestra vida. A veces, un cambio de aire puede transformarnos. Ventilar la habitación, sacudir el polvo, abrir la ventana tras el cierre de una puerta. Cambiar de aires nos recompone. En algunos momentos, resulta crucial.

Y allí donde haya buen flujo y corra bien el aire, he aprendido, es donde uno tiene que estar.

sábado, 4 de febrero de 2017

Será que conviene...

Por si un día me buscas sin saber qué es lo que queda. Y viceversa

Si vas a buscarme, no pongas el punto de mira en esa persona. No recibirás de ella lo que una vez tuviste. Bueno y malo. Al menos, no todo lo que yo pude aportarte.
Si caes en el error de hacerlo, verás que es demasiado frustrante ser ciego ante otras virtudes, por querer encontrar los antiguos patrones que, tiempo atrás, nos hicieron algo más que felices.
Así que si vas a buscarme, no es en ella donde me encontrarás.
Si vas a buscarme, si la decisión que has tomado es mantener lo poco, o lo mucho (el agua no cala igual para todo el mundo) que quede de mi en tu vida… No lo pierdas husmeando en vidas ajenas. Nadie debería cargar con la culpa de no ser alguien que no es.


Busca mis gestos, mis caricias, virtudes y buenas costumbres en Ti. Busca y rebusca. Mi risa rompiendo la barrera del sonido a más de 65 decibelios, registrada en la banda sonora que ponía un toque de optimismo a tus mañanas. Explora mentalmente el mapa emocional donde están mis intentos de arrojar luz en tus temores. Examina cada parte de tu cuerpo hasta encontrar los 10 puntos gatillo. Son zonas muy localizadas, en tejidos musculares, marcadas por el roce que los demás nos hacen. Palparlas,  es  como apretar el botón que dispara los escalofríos que tu piel recuerda de mis muestras de cariño. Constituyen el molde de los abrazos que nos dimos.

Busca todas las piezas, hasta encajar los bordes de tu puzzle existencial. Resuelve tus incógnitas personales y haz el esfuerzo de mantenerlas al margen de la historia que ahora comiences. Si por destino o casualidad, te falta la pieza que solo una madre encontraría, pide ayuda. 
No todo aquel que deambula está perdido. 
Pregúntate a ti mismo, al cielo, al mar o a quien sea que pueda darte la respuesta, en forma de aquella pieza que te faltó. Cachea a tu sombra de arriba abajo y a la adversa. Busca en ella mis errores, mis fallos malintencionados y la habilidad especial de arruinarlo en el mejor momento. Que todos somos humanos y ese es uno de los puntos que las personas tenemos en común:                              
 Equivocarnos


No los tiñas con el filtro del reproche, si algo es cierto es que las erratas que cometemos no pueden ser peores, pero en su día se hicieron creyendo en la que fuese la mejor de las opciones. 
Déjalos como daños colaterales
Los tropiezos son lecciones que aprendemos, por permitir que el ritmo de nuestros pasos lo marque el pie del que cojeamos. Cada cual sabe cuál es su talón de Aquiles. Lo verdaderamente importante, es tener la certeza de que dimos el máximo en algunos tramos del camino. Y todo se pudo.


Búscame en tu interior. Tan profundo como ésta frase. La persona en la que nos convertimos se lo debemos a los matices que los demás nos dejan. Gracias a los valores y creencias a las que nos acercan, poco a poco nos transformamos en quien somos realmente. Por eso, búscame en la persona que eres ahora, porque a pesar de la distancia en el espacio y en el tiempo, es ahí donde se encuentra el lugar donde una vez fuimos
Así, sin más explicaciones que la que queda entre dos que se quieren de veras.

El afecto es uno de los pocos frutos en esta vida, que si se ha cultivado bien, nunca se pierde. Cambian las formas en las que se manifiesta. Y la manera en que lo haga, ten por seguro que será que conviene